viernes, 14 de marzo de 2014

CFPM01-14 (2) Conclusiones: Actividad 2

¿Qué es hablar una lengua extranjera?

Hablar una lengua extranjera es ser capaz de llevar a cabo acciones en esa lengua en distintos ámbitos. Para llevar a cabo dichas actividades debemos desarrollar distintas competencias comunicativas y generales. 

Las competencias son las herramientas con las que contamos para llevar a cabo acciones en una lengua extranjera. Las generales no están directamente relacionadas con la lengua pero influyen en el proceso de aprendizaje como la destreza, la propia personalidad, conocimientos previos, etcétera. Sin embargo las competencias comunicativas (lingüísticas, sociolingüísticas y pragmáticas) están directamente relacionadas con la lengua, se trata por ejemplo del conocimiento del léxico o la gramática, el conocimiento de las condiciones socioculturales de uso de la lengua y el saber cómo usar los recursos lingüísticos.

Como las personas vivimos en sociedad y nos encontramos con multitud de situaciones distintas en la vida, hablar una lengua extranjera también supone llevar a cabo acciones en ésta lengua en distintos ámbitos (público o personal) y asumiendo distintos papeles en el proceso comunicativo. Dentro de un proceso comunicativo podemos interactuar con uno o más interlocutores, exponer nosotros solos un tema concreto, mediar entre dos interlocutores o entre una persona y un mensaje en otro soporte ya sea escrito o de audio, emitir un mensaje escrito o descifrarlo nosotros mismos. Todas estas son posibles acciones a las que nos enfrentaremos al hablar una lengua extranjera.

Como hemos visto, hablar una lengua extranjera implica ser capaz de llevar a cabo acciones en dicha lengua (leer, escribir, expresarse...) cada una de estas habilidades es considerada una competencia y en cada una de ellas podemos tener un nivel distinto e independiente al nivel global que tengamos de dicha lengua. 

Lo importante al hablar una lengua es que identifiquemos nuestras fortalezas y puntos débiles a la hora de aprender, nuestras necesidades de uso de la lengua y enfoquemos nuestro propio aprendizaje en función de estos factores. El centro del proceso de aprendizaje de una lengua somos nosotros mismos y así debemos sentirlo e implicarnos, siendo conscientes de que el aprendizaje de una lengua nunca termina y es un aprendizaje continuo.

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